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jueves, 26 de octubre de 2017

Un grande...y libre

Fernando Amorebieta
Fernando Amorebieta mola. Es un tío con carácter y espíritu aventurero. Tiene todo lo que el resto de ciudadanos de a pie quisiéramos tener. Pese a ser español de adopción y desarrollar su carrera profesional en España (en las categorías inferiores del Athletic Club), Fernando decidió defender la camiseta de la selección de Venezuela, su país de nacimiento. Amorebieta jugó en Inglaterra antes de regresar al Sporting de Gijón tras su paso por el Athletic y decidió hacer las Américas. El verano pasado cruzó el charco para jugar en un grande de América, nada más y nada menos que Independiente de Avellaneda, el rey de copas. Fernando salió de su zona de confort y se la jugó. Podría haberse acomodado en la liga española pero cogió la mochila y fue a recorrer mundo. ¡Que envidia, quien pudiera tener ese espíritu de aventura!
Esta ilustración la hice hace tiempo, cuando defendía los colores del equipo asturiano. Me gustó la pose que tenía en una fotografía en la que se le veían los tatuajes del brazo. Aproveché el gesto de su cara para jugar con los colores de las banderas española y venezolana (¡y mira que no me gustan las banderas!). El tipo parece estar dudando, está dubitativo. La ilustración de Fernando está hecha a lápiz y tinta. Con Adobe Illustrator retoqué las líneas, y apliqué color y sombreado. Las banderas las coloqué con Illustrator directamente una vez finalizado el trabajo del futbolista. Lo que me gusta de trabajar con este programa es que luego puedo editar la ilustración (en este caso) de una manera bastante rápida y sencilla. Aunque me gusta este método de trabajo, también me gusta trabajar con acuarelas y rotuladores pero no dejan mucho margen de error a no ser que Photoshop me eche una mano. ¡Hasta la semana que viene!

jueves, 22 de diciembre de 2016

Jugar, cueste lo que cueste

Beñat
El fútbol, como muchos otros deportes, es un deporte en donde el contacto físico hace que produzcan lesiones o heridas entre sus jugadores. Una entrada, un salto o incluso un golpeo al balón pueden lesionar (en mayor o menor medida) al jugador. 
Ahora bien, en el fútbol se ha extendido, desde hace mucho tiempo, la teatralización. Está claro, una patada o un codazo duelen, pero no te dejan sin sentido (bueno, en contadas ocasiones si). No hay más que buscar en internet acciones "violentas" en otros deportes (rugby, fútbol americano o incluso fútbol femenino) para ver en que condiciones siguen jugando: cabezas vendadas, sangre chorreando y demás heridas no son excusa para continuar jugando. 
En el fútbol masculino pasa lo contrario. Por regla general, un ligero roce sirve de excusa para ver a un futbolista retorcerse de dolor en el suelo y perdiendo todo el tiempo posible. Bueno, no siempre, si su equipo va ganando se levanta al momento, y sino tarda una eternidad. Sospechoso, ¿no?. 
Está claro que este teatro forma parte de la picaresca del llamado deporte rey, pero hay que reconocer que a veces desespera. Y más cuando se ven imágenes como aquella de Sergio Busquets ante el Inter de Milán, revolviéndose de dolor en el césped con las manos en la cara mientras abría unos dedos para poder ver la que le iba a caer a su "agresor". 
Por suerte existen jugadores que, literalmente, se parten la cara por su equipo y salen al campo con vendas y lo que haga falta y sin rechistar. Me viene a la cabeza aquella mítica imagen de Terry Butcher con la cabeza vendada y la camiseta inglesa llena de sangre jugando sobre el terreno de juego. ¡Y no dijo ni mu!
Ilustramos, para la entrada de esta semana, a Beñat del Athletic Club. Jugó, con la cabeza vendada. Pero jugó. Y no se quejó.

La foto de referencia de Beñat es real, con la cabeza vendada. Una vez hecha la ilustración, la entinté y la escaneé para trabajarla en Adobe Illustrator. Los besos que tiene por el cuerpo son de un banco de vectores gratuitos y fueron colocados con el modo "multiplicar" de Illustrator.

jueves, 28 de julio de 2016

Amor a primera vista

Julián López
El fútbol es un deporte que se juega con cabeza pero que se siente en el corazón. Digo esto porque la lógica mandaría que el equipo de fútbol que vas a apoyar el resto de tu vida (si, es así de claro. Si cambias de equipo no amas este deporte) es el de tu lugar de nacimiento o, por lo menos, donde has echado raíces durante mucho tiempo. Quien escribe e ilustra esta entrada es un claro ejemplo: nacido en una localidad de Málaga y sin ninguna afinidad hacia el Málaga Club de Fútbol. Ojo, ni me cae mal ni nada por el estilo. Simplemente no me transmite nada (quizás me llegó a gustar en aquella época de Darío Silva y Dely Valdés o cuando lo dirigió Pellegrini, pero solo eso). ¿De que equipo me enamoré? Pues del Valencia, la ciudad en la que acabé echando raíces (también soy de River Plate, de mis años en Buenos Aires).
Con esto pretendo dar sentido a esas situaciones aparentemente absurdas, en las que alguien de una punta del planeta se enamora hasta los huesos de un equipo de la otra punta. El caso ilustrado es el del cómico Julián López, un tipo nacido y criado en un pequeño pueblo de Cuenca pero muy aficionado al Athletic Club de Bilbao. ¿Como puede ser eso? Según explicaba él mismo en ésta entrevista al diario El País, "por su romanticismo". Un club con una filosofía muy clara te enamora de un flechazo.
El ejemplo es claro, te enamoras de unos colores, una filosofía, unos jugadores que has visto en un momento determinado de tu vida (normalmente durante la niñez), de un equipo al que tu círculo de amigos y familiares te han expuesto. Y es así, te enamoras y punto.
Alguien podría pensar que si no tienes un gran equipo cerca de donde vives sueles decantarte por un "caballo ganador" (en el caso español, Barcelona o Real Madrid) pero dejen que les diga que no es cierto. Quien ha vivido en Argentina, por ejemplo, sabe que cualquier equipo de las categorías mas bajas tiene su nutrido grupo de hinchas, dentro y fuera de las gradas.
El fútbol es así, un amor a primera vista.