viernes, 19 de febrero de 2016

Sin ofender

Nicolas Anelka
Jugar y callar. Aunque en entradas anteriores ya había tocado el tema, en ésta ocasión voy a tocarlo tema nuevamente desde otra óptica. Un tema que, de manera cíclica, vuelve a estar de moda. Es algo que me molesta y mucho. Queremos (bueno, quieren, porque no me incluyo) que los jugadores de fútbol sean como en el FIFA, que jueguen de maravilla, pero no tanto, porque si les da por hacer una filigrana, una rabona, un tacón, un penal "a lo Panenka" o lo que sea, ya están en el ojo del huracán. ¿Acaso el fútbol no es eso también? Me gustan los jugadores técnicos, que la pisan, que "gambetean", y si usted no disfruta viéndolo, no le gusta el fútbol. Otra cosa es que se lo hagan a tu equipo, que siempre jode y mucho. Como cuando éramos niños, que disfrutábamos con cada detalle que hacíamos pero que era motivo de pelea si nos lo hacían, ¿recuerdan?
Y si además de todo eso, al jugador profesional actual, le da por ser "la voz del pueblo" reivindicando justicia, parodiando o criticando, apaga y vámonos. ¿Que acaso un futbolista no puede solidarizarse con alguien, con una causa o saludar a su mamá con un mensaje en la camiseta si así lo desea? A fin de cuentas somos humanos. Los hay que dicen que es por no mezclar el fútbol con lo que le es ajeno. Pero esos mismos no utilizan la misma vara de medir si la empresa patrocinadora que luce su equipo en la camiseta vulnera derechos humanos, abusa de sus trabajadores o cometen delitos ecológicos, por poner ejemplos.
Que quieren que les diga, quiero mil veces ver a Anelka marcar un golazo y celebrar con una "quenelle". Eso es fútbol. Y el fútbol es la voz del pueblo. Sin ofender.